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miércoles, 23 de julio de 2014

                                                                                                     

                      

LA  DESCONOCIDA 


Su mirada pérdida en el horizonte me impresionó. Apoyada sobre las rodillas, con el tacto de la arena sobre su piel, con mirada profunda, misteriosa, que dirigía hacia la inmensidad del mar; me sobrecogió.


No atendía a ninguna clase de estímulos, creo simplemente, que no estaba allí. Sus gestos no cambiaron el tiempo que estuvo así. El constante paso de transeúntes, el ruido del lugar, no la obligaban a volver de donde estaba.



El último rayo de la tarde, la devolvió un poco a la realidad. Con movimientos suaves, sonrisa apagada, y de unos ojos doloridos y cansados, unas silenciosas lágrimas empezaron a brotar. Una mirada, una imagen, que no olvidaré. Una desconocida para ella misma, pensé.

Para descubrir que esa mujer, esa mirada y esa desconocida, era yo.



  Nany París